
Ayer dejaron en la sección de comentarios unas preguntas sobre el noviazgo, así que decidí escribirlas en una nuevanota para que todos puedan leerlas. Es mi costumbre leer todos los comentarios que dejan escritos en la página todos los días, y procuro tomar un tiempo para responder cada uno de ellos.
A continuación la pregunta y la respuesta que di a cada uno:

Querida Anónima,
Quiero responderte tu pregunta contándote mi propio caso. Yo me hice novio de Debbie, mi actual esposa, estando ambos en el mundo. No éramos conversos ni mucho menos líderes. Salíamos a discotecas y nos casaqueabamos con tragos en las manos, bailando música que ahora ni escucho. No oré para que Dios me confirmara ni tampoco pedí consejo a algún líder. Solo me enamoré y me le declaré. Cuatro meses después nos convertimos de todo corazón al Señor, entregamos nuestro noviazgo a El, y aquí estamos, 14 años y contando, y nunca hemos cortado ni nos hemos peleado.
Lo que te quiero decirte es que el tiempo correcto depende de cada pareja. En mi caso, el Señor quiso que experimentáramos el mundo primero; ¿por qué? Para poderle decir a los jóvenes que si Dios nos bendijo a nosotros habiendo iniciado de esa manera, ¿cuánto más no podrá bendecirte a ti, que le buscas a El, que procuras hacer su voluntad, que pides consejo, que oras y no recurres al mundo?
Solo condúcete como la Biblia manda, pues así hice yo una vez me convertí, y el Señor bendecirá tu matrimonio. Si, tu matrimonio, no solo tu noviazgo.
Si El lo hizo conmigo, lo hará contigo.
Con cariño,
Pastor Chofo

Hola Ovejita,
A todos nos dio temor la decisión de iniciar con una pareja. No conozco a a alguien que no haya estado nervioso o temeroso del resultado, pues la verdad, es muy difícil prever que pasará en el futuro.
Por un lado es bueno que sientas el deseo de hacerlo todo lo mejor posible, tanto por el Señor, como por tu futuro, como por las ovejas que te siguen. Pero quiero decirte que Dios no exige el perfeccionismo, pues es misericordioso, y a la verdad tampoco lo exigen las ovejas. Ellos entenderán que tu estás aprendiendo en esto del noviazgo, como a ellos les tocará un día, y sabrán que hay veces que se vale equivocarse, siempre y cuando tu actitud sea la correcta.
Creo que lo mejor que tu puedes hacer es tener una intención formal e íntegra, pues eso es lo que Dios mira. Y que tu manera de conducirte sea respetable y honesta, pues eso es lo que imitan tus ovejas. Como ves, lo más importante es que tu actitud y tus intenciones sean las correctas, más que el resultado de tu decisión.
En cualquier caso, sea que triunfes en ese noviazgo o que por alguna razón llegues a cortar, haz todo de tal manera que puedas dejar un ejemplo en actitud y conducta a las ovejas. Que ellos puedan ver en ti en todo tiempo y circunstancia un modelo a seguir.
Todo te va a salir bien, confía en Dios
Pastor Chofo
Nos ingresaron más preguntas sobre el noviazgo, que tomaremos el tiempo de responder. Puedes dejar tu pregunta en los comentarios. Procuramos leer todos y darles seguimiento.

Hola Joshy,
Quiero responderte contándote mi propio testimonio. Cuando me convertí al Señor de todo corazón quería servirle por completo. Le amaba a El y quería darle todo lo que yo era. El problema era que tenía una novia a quien también amaba mucho. Ella era una gran mujer, el amor de mi vida, y nuestros padres estaban muy entusiasmados con nuestra relación. Ella se convirtió junto conmigo, pero yo pensaba que para servir a Dios debía ser soltero. Genuinamente creía que debía terminar con ella si quería dedicarme a amar a Dios y servirlo como lo sentía.
Como te imaginarás, tenía una gran batalla interna. Tenía temor, nervios y miedo de perder la oportunidad que el Señor me estaba dando. Así que oré y le entregué todo al Señor. Le rendí a El mi noviazgo, llevando a la cruz a esa mujer que tanto amaba. Fue duro, pero creí que estaba haciendo lo correcto. Fui muy honesto con el Señor y genuino, y para mí era el fin de esa relación con mi novia que tanto valoraba.
Cuando terminé de orar le pregunté al Señor que debía hacer ahora con mi novia. El me respondió algo que marcó mi vida: “O la amas, o la cortas”. Entendí que era mi decisión si seguía con ella o no, y que El me apoyaría y me bendeciría por la decisión que tomara. El había visto mi intención, que era amarlo y servirlo a El, así que El me bendeciría en lo que hiciera. Ese día decidí amar a Debbie para toda la vida, y un amor puro y divino entró en mi corazón.
Hoy, 14 años y medio después, estoy casado y enamorado de ella. Te estoy escribiendo esto desde un cuarto de un hotel, con ella durmiendo a mi lado. La invité aquí para festejar su cumpleaños y pasar un tiempo solos. Casualmente estuvimos recordando hoy en la noche como nos conocimos y nos enamoramos, hablando horas de eso. Ambos servimos a Dios tiempo completo, y ella ha sido una ayuda invaluable en mi Ministerio. La amo, y le agradezco a Dios el regalo que ella es para mi vida. Me alegro de haber tomado aquella decisión cuando tuve la oportunidad.
Lo que quiero decirte es que debes primero rendirte a Dios y dedicarte a amarlo a El y servirlo con todo tu corazón. Después de hacerlo, decide lo que creas más conveniente, y Dios te apoyará si lo haces genuinamente. Una buena mujer es el regalo de bondad más grande que Dios puede darle a un siervo suyo en la tierra. Si la has encontrado, valórala.
“El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Proverbios 18.22)

Toffe,
Quiero responderte dándote una cita de la Biblia que le he dado a jóvenes por años cuando pasan por situaciones como la tuya:
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿no es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4.1)
Los pleitos innecesarios y absurdos en los noviazgos (y en cualquier relación) nacen de las pasiones de la carne que se oponen a la voluntad de Dios. El Espíritu dentro de ti quiere hacer la voluntad de Dios, peor la carne se opone. Eso da pie a que dentro de la relación surjan tentaciones sexuales, celos, envidias, pleitos, enojos, acusaciones, diferencias, engaños, rencores, asperezas e irritaciones. Eso provoca una relación desgastante. Lo que el Espíritu quiere guiarte, por el contrario, es a tener una relación en la que tu atención esté puesta en el bien a al otra persona, en sus virtudes y cualidades.
Comienza por reconocer tus errores, no viendo los de el. Examínate y mira que pasiones de la carne que te han conducido a esto. Arrepiéntete y pide perdón, primero a Dios y luego a tu novio, creyendo en la misericordia de Dios. Y luego cambia tu conducta. Cuando surja la oportunidad de volver a las riñas, detente, recapacita, y responde con bien al mal. Recuerda que una blanda respuesta aparta la ira. Si te hace algo malo, solo devuelve bendición. Verás pronto que el bien siempre vence al mal.
Un consejo bueno que te doy es hacer algo sumamente especial por el. Cocínale, invítalo a una cena, hazle una tarjeta o cómprale un regalo. Haz algo que a el le agrade mucho, y así cultivarás el amor que se tienen. Justamente eso estoy haciendo con Debbie esta noche. La invité a cenar a un lugar que a ella le agrada mucho; le conseguí un arreglo con flores, le grabé un CD con música cristiana romántica. Nos apartamos un tiempo para hablar de nuestra relación, de lo que nos llevó a enamorarnos y de los que nos agrada. Eso aviva el amor entre nosotros, impidiendo las rencillas.
El amor es como una flor: debes cultivarlo y regarlo con detalles de aprecio diariamente. El egoísmo (o pensar en uno mismo) es como una plaga para ese amor, lo marchita y lo seca. Pero cuando te enfocas en dar lo mejor a la otra persona, revive inmediatamente. Eso hizo Jesús en la cruz por nosotros. Dio lo mejor de si por su amada. Imítalo y tendrás grandes resultados.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1ra Corintios 13.4-7)

Bueno, antes que te de esta respuesta, déjame decirte que ya hay muchas parejas que han llegado a casarse después de haberse conocido en Internet. Así que debo decirte por lo que he visto que sí, hay quienes se han conocido y llegado a enamorar por Internet, e incluso hay quienes de ellos tienen bellas familias. Creo que esto se ha dado porque hay quienes tienen mas facilidad de desenvolverse frente a un computador que frente a alguien del sexo opuesto
Me viene a la mente la historia de como Isaac, el hijo de Abraham, consiguió su esposa. El tenia ya 40 años y aún era soltero, así que su padre le encargó a su siervo que le buscara esposa. Éste le consiguió a Rebeca, una bella mujer temerosa de Dios. Isaac no la cortejó a la manera acostumbrada que tenemos hoy, es decir, no la conoció, llamó o visitó. Solo le presentaron un día a la mujer con quien se casaría. El fue muy feliz con ella, y dieron a luz a la nación de Israel.
Al igual que la gente que se conoce por Internet, Isaac no tuvo la oportunidad de ver a su mujer sino hasta unos días antes de casarse. No tuvo tiempo para conocerla bien, hablar cara a cara o conocer sus costumbres. Aún así fueron felices. Así que creo que podría funcionar para otros hoy. ¿Puede Dios bendecir esa relación? Seguramente si. ¿Es algo que le recomendaría a mis hijos? No lo creo. Es muy riesgoso para algo tan trascendente como el matrimonio.
Yo preferiría que mi hija me presentara a su enamorado, que pudiera conocerlo a el y su familia antes de llegar a algo más formal. Quisiera verlos, saludarlos y escucharlos. Eso me ayudaría a discernir sus intenciones y su conducta, y así podría ayudar más a mi hija con sabiduría. Para mí nada puede sustituir el tiempo de compartir juntos que toma construir una relación. Y además chatear por Internet no revela el verdadero compromiso de alguien, algo tan fundamental en el matrimonio.
De cualquier manera, creo que lo mas importante es que el amor no se define por la manera como se conocieron, sino por la conducta que tienen al relacionarse.
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (1ra Juan 3.18)
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